Ana Teresa Toro dialoga con las mujeres que ha sido en ‘Secuestro pulmonar’
En su nuevo libro, la periodista y escritora puertorriqueña recorre distintas etapas de su vida recordadas desde el dolor.
Por Aiola Virella
Ana Teresa Toro tenía poco más de 20 años cuando entrevistó a la escritora española Almudena Grandes. De aquella conversación conserva una idea que, años después, parece atravesar las páginas de su nuevo libro Secuestro pulmonar: somos todas las personas que hemos sido.
Grandes se lo explicó entonces con la imagen de una muñeca rusa. Dentro de la mujer adulta permanecen la niña de cinco años, la de 10, la adolescente y todas las versiones que vinieron después.
En su nueva obra literaria, Toro utiliza el dolor para volver sobre esas otras Ana Teresa.
“Hay cosas que hizo esa Ana Teresa de 20 que jamás haría ahora o que me dan mucha vergüenza, pero las he entendido gracias a esta escritura en el contexto de un momento, de una cultura, de unas lecturas, de un trasfondo, de unas experiencias de vida”, expresó la periodista y escritora puertorriqueña.
Ese diálogo consigo misma le dejó uno de los aprendizajes centrales del proceso: “honrar quien uno ha sido sin necesariamente estacionarse en quien uno ha sido y permitirse evolucionar”.
“La escritura es un ejercicio para mí mágico que te permite entrar en tu propia mente y descubrir lo que piensas y lo que sientes sobre las cosas. Es casi como un ejercicio de arqueología mental”, sostuvo.
Secuestro pulmonar parte de una experiencia profundamente corporal: una cirugía pulmonar que Toro tardó más de dos años en poder comenzar a narrar. Sin embargo, al regresar a ella descubrió que no podía contar ese episodio de manera aislada. La cirugía fue el resultado inevitable de un diagnóstico que había recibido en el año 2008. Esto la llevó a mirar a la mujer joven que era entonces.
“Uno tiene que esperar a sanar un poco antes de volver a ir con el pote de sal a la herida”, dijo.
“Me di cuenta que todas las historias tienen una conexión. Entonces no podía contar la historia de esta cirugía sin contar la historia del diagnóstico que se da en el 2008 y no podía hablar de la historia del diagnóstico en el 2008 sin contar lo que significó en el momento […] y lo que estaba pasando por la cabeza de esa mujer joven que no soy ya, pero que está dentro de mí”, relató.
¿Por qué Memorias en este momento?
Toro ha descrito Secuestro pulmonar como un libro de memorias, una clasificación que podría asociarse tradicionalmente con autores que miran su vida desde la distancia de los años. Para ella, sin embargo, la memoria no requiere haber llegado a la adultez mayor.
Por el contrario, escribirla ahora permite preservar aquello que inevitablemente cambiará con el paso del tiempo.
“Hablar de una memoria desde la juventud —más o menos juventud— es una forma de salvaguardar lo que el tiempo le va a hacer a la memoria. En este momento esa memoria aún está fresca, aún está viva, aún está ajustada y cercana a la realidad y al momento en que pasó”, explicó.
Su formación periodística también intervino en ese ejercicio. Toro desconfía de la memoria precisamente porque cada vez que se regresa al pasado se reconstruye desde el presente. Por eso recurrió a herramientas propias del periodismo: contrastar recuerdos con otras personas y regresar a documentos, incluido su expediente médico.
“La memoria nos juega muchas trampas y es muy creativa”, planteó. Además, reconoció que volver a momentos dolorosos es un proceso que a su vez provoca dolor.
El dolor como un lugar de paso
Escribir Secuestro pulmonar fue doloroso. Toro reconoce que, contrario a otras experiencias de escritura, esta vez no encontró aquel momento del proceso que suele resultarle placentero. Había, sin embargo, una urgencia por sacar y organizar una serie de experiencias.
“Revisitar el dolor para organizarlo, aunque sea doloroso, al final termina siendo un gran alivio”, indicó.
Pero organizarlo no significó borrarlo.
Para Toro, reapropiarse del dolor supone impedir que este se convierta en “el eje, centro y definición” de la vida. Hay dolores que pierden intensidad y otros que regresan inesperadamente, como las cicatrices que recuerdan al cuerpo aquello que ha vivido.
“Ese dolor es el tuyo, que te pertenece, pero no puedes estar entreteniéndote en el dolor. Ese lugar es un lugar para visitar y continuar”, expresó.
De ahí surge una distinción fundamental sobre el libro que quiso escribir.
“Este no es el libro de una víctima de nada. Este es el libro de un cuerpo que ha pasado por experiencias de dolor como le sucede a todos los cuerpos en distintas escalas”, sostuvo. “Busqué un lenguaje para organizar ese dolor, sacarlo de mí y ya […] este libro es su propia cosa y ya no vive en mí”.
Contarlo sin hacer “pornografía del dolor”
Ese principio también determinó cuánto estaba dispuesta a revelar.
Secuestro pulmonar contiene experiencias íntimas y episodios de violencia contra su cuerpo. Narrarlos obligó a Toro a plantearse no solo qué contar, sino cómo hacerlo.
“Una de las cosas más complicadas cuando se escriben relatos personales es presentar alguna experiencia íntima sin caer en lo que a veces pienso como la pornografía del dolor”, explicó.
Para la autora, esa “pornografía” aparece cuando la crudeza de lo narrado busca provocar lástima, asco o asombro en el lector. Su intención era otra.
“Quería sí contar momentos duros, vivencias difíciles que muchas mujeres hemos enfrentado en distintas etapas de la vida, pero no quería hacerlo de una manera hiperdramática ni tampoco de una manera en la que lo que sucedió definiera o acaparara el modo en que lo proceso”, explicó.
La contención se convirtió entonces en una decisión literaria. Revisó las descripciones, las leyó en voz alta y eliminó adornos de algunos de los episodios más difíciles.
“La vida es lo suficientemente dramática como para que también le impartamos unos excesos que no vienen al caso si nuestro objetivo es generar una reflexión”, sostuvo.
Cuando el dolor deja de ser individual
El cuerpo que atraviesa Secuestro pulmonar tampoco existe aislado del país en el que vive.
“El dolor individual es dolor colectivo. Creo que el dolor es una experiencia social y comunitaria”, afirmó Toro.
Para explicarlo, mira al Puerto Rico del presente y a la crisis que impacta a los puertorriqueños.
También establece en el libro conexiones entre el dolor físico y las estructuras políticas y sociales, entre ellas la crisis de opioides en Estados Unidos, sus repercusiones en Puerto Rico y su propia experiencia con el manejo del dolor después de la cirugía.
“El dolor sí puede ser político, sí puede ser colectivo. Cuando a una familia le duele el estómago de hambre, no podemos decir que es un dolor físico individual; el hambre es un problema social”, señaló.
“Todo lo que pasa por nuestros cuerpos individuales es un retrato de lo que pasa por el cuerpo colectivo que somos”.
Ese tránsito entre lo individual y lo colectivo desemboca también en otro elemento recurrente en la obra de Toro: la naturaleza.
La portada de Secuestro pulmonar, creada por la artista puertorriqueña Sofía Sáez, establece desde la imagen esa relación. Para Toro, “no hay cosa que se parezca más a un árbol que un pulmón”.
“Siempre creo que cuerpo y paisaje son un poco la misma cosa”, dijo.
La conexión, asegura, está presente desde sus primeros intentos de escritura y atraviesa también su manera de pensar a Puerto Rico. Incluso en momentos en que reflexiona sobre política o puertorriqueñidad, vuelve al espacio físico, a la tierra y al cuerpo que la habita.
“Vincular cualquier idea al espacio en el que está es también mantener una conciencia de que las ideas, cuando las pasas por tu cuerpo, por tu carne, por tu movimiento, adquieren unas formas concretas”, expresó la también autora de Flora Animal, Cartas al agua, Las narices de los perros, El cuerpo de la abuela y Palabras para un flamboyán.
En Secuestro pulmonar, Toro mira, nombra y escribe el dolor, pero se resiste a concederle que sea lo que define su vida. Plantea que el dolor puede ser un lugar al que se regresa en distintos momentos y contextos, pero la diferencia está en no quedarse a vivir allí.

