Fux Beat vuelve a donde todo comenzó: Aguadilla inspira su nueva era
Tras años construyendo una carrera desde la producción, el artista puertorriqueño se prepara para lanzar “BQN”, su primer álbum como solista
Antes de que naciera Fux Beat, hubo un chico de 14 años llamado César Santiago sentado en un concierto de R.K.M & Ken-Y, viendo como “Si la ves”, una canción de reguetón que conocía, tomaba otra forma cuando comenzó a sonar un piano.
Aquello le voló la cabeza.
“Esto se puede hacer, esto existe”, recuerda haber pensado.
Salió del concierto con una misión: convencer a su mamá de que necesitaba clases de piano. No algún día. Ya.
Y así, casi sin saberlo, comenzó una historia que, años después, lo llevaría de Aguadilla a Miami, Florida, de tocar en bandas, a producir para otros artistas y, eventualmente, a preguntarse qué quería decir cuando llegara el momento de poner su propio nombre al frente.
Ese momento ya llegó.
A sus 32 años, Fux Beat se prepara para lanzar BQN, su primer álbum de larga duración como solista. El nombre no necesita demasiada explicación para quien haya volado alguna vez hacia el oeste de Puerto Rico: son las siglas del aeropuerto de Aguadilla.
Tampoco es casualidad. Para Santiago, este disco es una manera de regresar al lugar donde comenzó todo. La música, sin embargo, había llegado antes de aquel concierto.
Su padre fue locutor de radio en su juventud y, aunque nadie en su familia se dedicaba profesionalmente a ella, en su casa siempre había música sonando. Salsa, baladas, Frankie Ruiz, Luis Miguel.
De ahí, entiende, nació primero el cariño. Después del piano, llegaron el bajo, la guitarra, el ukulele y, sobre todo, la escena musical que lo rodeaba.
Porque Santiago no creció en el área metropolitana, donde, durante décadas, se ha concentrado parte de la conversación alrededor del género urbano. Creció en Aguadilla, en el west que recuerda lleno de bandas, rock, música alternativa, surfers, playas y amigos que siempre parecían tener algún instrumento.
“Desde chamaquito, todos mis panas tenían bandas”, cuenta.
En la escuela, uno era bajista, otro guitarrista y, eventualmente, terminaban tocando juntos.
“Yo lo que quiero hacer es música”, recuerda haber pensado entonces.
La realidad, por supuesto, fue menos sencilla.
Fux relató a Metro Puerto Rico que trabajó en un restaurante mientras intentaba adentrarse cada vez más en aquel mundo. Allí conoció a un músico de una de las bandas que admiraba y apareció una oportunidad para tocar.
Cuando le preguntaron si podía hacerlo, dijo que sí, aunque ahora admite, mientras suelta una risa, que quizás vendió un poquito mejor sus destrezas de lo que correspondía. “Yo no era tan bueno, la verdad”, reconoce. “Pero yo le dije que sí”.
La actitud terminó pesando más que la técnica. Se quedó en la banda y eventualmente salieron de gira a México. El boricua imaginaba que aquella experiencia podía ser el gran salto.
No lo fue.
Eran 11 integrantes, no hicieron dinero y regresó a Puerto Rico bastante más aterrizado sobre cómo funcionaba realmente aquello de vivir de la música. Sin embargo, en una escala por Miami, conoció a un productor.
Y esa parada terminó importando más que la propia gira.
De regreso en Puerto Rico, comenzó a hacer pistas. Por un tiempo, incluso escondió su identidad detrás de una cabeza de zorro porque no quería que aquella nueva faceta se mezclara con la imagen que ya tenía dentro de la escena de bandas. Envió algunos de esos primeros beats a un contacto en Miami y recibió una invitación.
Fux Beat fue.
Pero cada vez que regresaba a Aguadilla para trabajar nuevamente en un restaurante, sentía que estaba retrocediendo.
Hasta que apareció el primer trabajo por el que realmente podían pagarle. El dinero daba, según sus cálculos, para tres o cuatro meses de renta en Miami.
Se fue pensando: “Lo peor que puede pasar es que esté cuatro meses allí y tenga que volver”.
Han pasado siete años. Nunca tuvo que volver de esa manera.
En Miami, pasó lo que en Aguadilla parecía más difícil. Comenzó a encontrarse con gente de la industria, a entrar a estudios de grabación, a conocer artistas y a construir relaciones. Tres años después, ya había llegado su primera nominación.
Con el tiempo, Fux Beat consiguió establecerse como productor.
Hasta que apareció otro problema… cuando algo que amas se convierte en tu trabajo, también puede convertirse en rutina.
“Uno le empieza a perder inclusive el cariño a la música”, dice.
Según este, dentro de la industria comienzan a pesar los números, las expectativas, las disqueras, las redes sociales y la necesidad de que cada cosa funcione.
“Se vuelve como una fórmula, se vuelve como algo que pierde hasta el arte”, sostiene.
Fux Beat necesitaba volver a sentir que estaba haciendo música simplemente porque quería hacerla. Y para encontrar eso, terminó mirando hacia Aguadilla.
Regresar a donde un día se fue para encontrarse
BQN nace de esa misma búsqueda.
No es un disco triste. De hecho, Fux Beat insiste en que no hay canciones tristes dentro del proyecto, pero sí hay nostalgia.
Hay playa. Hay panas. Hay fiestas. Hay amaneceres frente al mar. Hay viejos amores, recuerdos y esa sensación que llega inevitablemente cuando las vacaciones se acaban y toca volver al aeropuerto.
“Yo le estoy haciendo un soundtrack, básicamente, a Aguadilla y las cosas que yo siento cuando yo estoy ahí”, explica.
Esas cosas, admite, no las veía igual cuando vivía en Puerto Rico.
El tiempo y la distancia hicieron su trabajo. “Siento que uno no aprecia las cosas cuando las tiene enfrente”, reflexiona.
Durante sus primeros años entre Miami y Puerto Rico, regresar a Aguadilla podía hacerle sentir que estaba quedándose atrás. La carrera que quería estaba ocurriendo en la Ciudad del Sol, mientras volver a la isla significaba nuevamente el restaurante, la incertidumbre y la sensación de que todavía no lo había logrado. Hoy, esa relación se volteó por completo. “Ahora mismo, yo estoy buscando ‘¿qué yo puedo hacer para mantener mi trabajo, pero vivir allá?”.
Esa idea atraviesa BQN: irse para buscar algo y descubrir, con el tiempo, cuánto de lo que realmente necesitabas se encuentra en casa.
Los primeros pedazos de ese universo ya están en la calle.
“Azúcar”, junto a Rafa Pabón y Monsieur Periné, fue el primer sencillo. Luego llegó “Ayer Te Vi”, junto a Cimafunk y Tostao.
Ambas colaboraciones adelantan una propuesta que mezcla justamente los distintos mundos musicales que han acompañado a Fux Beat desde Aguadilla hasta Miami: lo alternativo, lo caribeño, la música que aprendió escuchando y aquella que fue descubriendo cuando su carrera comenzó a llevarlo hacia otros países y otras culturas.
El resto llegará con el lanzamiento del álbum próximamente. Y aunque Aguadilla es el escenario de la historia, Fux Beat no quiere que BQN funcione únicamente para quien reconozca aquellas playas. Para este, extrañar la casa es un idioma más universal. “No necesariamente tienes que ser de Puerto Rico ni tan siquiera de Aguadilla”, sostiene. “El feeling (sentimiento) de la nostalgia de casa es universal”.
Las canciones tienen incluso un orden pensado para recrear ese recorrido. Se conectan entre ellas como un DJ set: llegar, encontrarse con los amigos, vivir la playa, salir, recordar y, finalmente, tener que marcharse otra vez.
Uno de los momentos más íntimos del proyecto nació precisamente mientras Fux Beat intentaba explicarle ese sentimiento a una amiga. Quería que esta escribiera algo y le contó lo que llevaba por dentro. La respuesta llegó en forma de un mensaje de voz de cerca de dos minutos.
Lo escuchó y no necesitó más.
“Era exactamente lo que yo estaba sintiendo”, cuenta.
Tomó aquella grabación, la trabajó dentro de una pista y terminó convirtiéndola en parte de una canción. Luego, pidió mensajes de otras personas cercanas, incluida su abuela.
“Cada vez que yo escucho esa canción me dan ganas de llorar”.
La canción forma parte del disco, aunque Fux Beat prefiere, por ahora, guardar algunos detalles como sorpresa.
También hay algo profundamente personal en las personas que aceptaron acompañarlo en BQN. No escogió colaboradores pensando en nombres o números. Dice que son artistas cercanos, personas con las que ya había construido relaciones trabajando en sus proyectos y que, cuando llegó su turno de pedirles que creyeran en el suyo, dijeron que sí.
Ese disco marca ahora una nueva apuesta. Tras años sintiéndose cómodo detrás de la producción, Fux Beat quiere que la gente escuche su música, quiere girar como DJ, montar sus propios espectáculos y seguir haciendo álbumes.
En otras palabras, quiere volver a sentir aquella incertidumbre de no saber exactamente qué va a pasar. Quizás porque, precisamente, esa ha sido siempre la parte que más lo ha movido.
Ahora, la apuesta tiene otro nombre: se llama BQN.
Y resulta curioso que, después de pasar años intentando descubrir hasta dónde podía llevarlo la música, su nueva etapa comience mirando hacia el mismo lugar del cual un día optó por salir: Aguadilla.


