Más allá del balón: la geopolítica que envuelve al Mundial 2026

Con Estados Unidos como epicentro y sedes compartidas con México y Canadá, la Copa del Mundo trasciende el fútbol para convertirse en una plataforma de influencia global, narrativa política y reposicionamiento internacional

Por Said Pulido

11 jun, 3:00 am 5 min de lectura
Más allá del balón: la geopolítica que envuelve al Mundial 2026
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Desde hoy hasta el 19 de julio, cientos de millones de personas en todo el mundo seguirán de cerca el Mundial más grande en la historia del fútbol. Con 48 selecciones y sedes repartidas entre Estados Unidos, México y Canadá, la Copa del Mundo volverá a convertirse en el principal escaparate deportivo del planeta.

Pero detrás de los estadios y el espectáculo, el torneo también se perfila como un escenario político de enorme relevancia. En un contexto marcado por tensiones globales, el Mundial de 2026 será mucho más que una competencia deportiva: funcionará también como una plataforma de poder blando y narrativa internacional.

Con Estados Unidos como epicentro organizativo y político, y con la FIFA consolidada como uno de los actores más influyentes del deporte global, esta Copa del Mundo podría terminar reflejando las contradicciones de nuestra época: apertura y fronteras, diversidad y polarización, integración regional y discursos nacionalistas.

Epicentro político

La dimensión geopolítica del Mundial de 2026 comienza en Estados Unidos. Aunque el torneo será compartido con México y Canadá, la mayor parte de los partidos, los ingresos comerciales y la atención internacional estarán concentrados en territorio estadounidense.

El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca volvió a colocar en el centro de las discusiones temas como migración, seguridad fronteriza, poder e identidad nacional. En ese contexto, este Mundial no solo será un evento deportivo global, sino también una oportunidad de proyección política y narrativa internacional para Washington.

Distintos analistas y organizaciones han advertido que esta Copa del Mundo podría convertirse en una plataforma simbólica para reforzar la imagen de liderazgo estadounidense bajo una lógica cercana al discurso de America First. La paradoja es evidente: el evento más global del planeta se celebrará en un momento marcado por discursos nacionalistas y fronteras cada vez más rígidas.

En este escenario global, destaca en primer plano la tensión entre Estados Unidos e Irán, uno de los focos geopolíticos más delicados de la actualidad. Aunque el conflicto se encuentra en una fase de alto al fuego, no está cerrado ni resuelto.

Y el tema adquiere una dimensión adicional en el contexto del Mundial de 2026, ya que la selección iraní es una de las clasificadas al torneo y disputará sus primeros tres partidos en territorio estadounidense, lo que introduce un componente diplomático, político y de seguridad en un evento ya marcado por la complejidad política internacional.

Herramienta de poder

La utilización política del fútbol es un fenómeno que se ha consolidado en las recientes décadas como parte de la diplomacia global. Grandes eventos deportivos funcionan hoy como plataformas de influencia, proyección internacional y construcción de narrativa estatal.

Un análisis de la organización Play the Game sostiene que este Mundial podría vincularse de forma estrecha con la narrativa de America First, especialmente en temas de migración, fronteras e identidad.

La discusión no es nueva. Catar utilizó la Copa del Mundo de 2022 como plataforma de posicionamiento global pese a las críticas por derechos humanos, mientras que Arabia Saudita ha multiplicado sus inversiones deportivas como parte de una estrategia de influencia internacional que culminará con su papel como sede en 2034.

Académicos especializados en geopolítica del deporte coinciden en que los megaeventos ya no se limitan a lo deportivo: se han convertido en herramientas de construcción de imagen global, donde los países buscan proyectar liderazgo, estabilidad e influencia cultural.

Paradoja internacional

En ese contexto, Simon Chadwick, especialista en geopolítica del deporte y profesor en la Escuela de Negocios EM Lyon, señaló a Metro World News que el carácter trinacional del Mundial de 2026 encierra una paradoja difícil de ignorar, ya que Estados Unidos, México y Canadá comparten organización en medio de tensiones políticas, migratorias, comerciales y de seguridad fronteriza.

“El torneo llegará en un momento en que Norteamérica debate temas como el endurecimiento de las fronteras, el tráfico de drogas y el impacto político de la migración. La imagen de integración regional convivirá con una realidad más compleja y polarizada”, explicó.

México ocupará un lugar simbólico dentro de esa narrativa, como país donde el fútbol forma parte central de la identidad cultural, aunque el peso organizativo recaiga principalmente en Estados Unidos.

Quizás por eso el Mundial de 2026 termine funcionando como una radiografía política y cultural de su tiempo.

“Mientras el balón ruede en las canchas de Norteamérica, también estarán en juego la narrativa internacional de los países anfitriones y la forma en que el deporte sigue transformándose en una extensión del poder global”, concluyó Chadwick.

Preguntas a... Felipe Gaytán, profesor de Relaciones Internacionales, Universidad La Salle de México

¿Qué hace diferente al Mundial de 2026 desde el punto de vista político?

—A diferencia de otras ediciones marcadas por conflictos puntuales, este Mundial adquiere una dimensión realmente global.

El escenario internacional atraviesa por guerras en Europa, Medio Oriente y África, además de tensiones entre China y Taiwán, en un contexto de disputa por hegemonías regionales entre potencias como Estados Unidos, China y Rusia.

La situación se vuelve más sensible al ser Estados Unidos uno de los anfitriones, en medio de un aumento de posturas nacionalistas, de seguridad e incluso intervencionistas que han dañado la imagen del país. Y si bien el torneo moverá miles de millones de dólares, es evidente un fuerte elitismo por el aumento de precios y la exclusión de sectores populares.

¿Hasta qué punto los grandes eventos deportivos se han convertido en herramientas de influencia política?

—Los grandes eventos deportivos han funcionado históricamente como herramientas de propaganda y estrategia política. Norbert Elias sostenía que el deporte podía canalizar los conflictos de manera civilizada, aunque también ha sido utilizado con fines ideológicos, como ocurrió en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936 bajo el régimen nazi.

El Mundial de Argentina 1978 contribuyó a sostener una dictadura, mientras que Rusia 2018 buscó proyectar una imagen más occidentalizada y fortalecer su posición internacional. En el caso del Mundial de 2026, aunque su organización responde a negociaciones políticas previas, los actores actuales seguramente aprovecharán el evento como plataforma de proyección y propaganda política.

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