“Puerto Rico está en deuda con Piculín”: leyendas del baloncesto recuerdan su legado
Figuras como Yum Ramos, Ricardo y Raymond Dalmau, Edmundo “Mundi” Báez y Pamela Rosado destacaron la huella deportiva y humana de José “Piculín” Ortiz tras su fallecimiento.
El baloncesto puertorriqueño despidió este martes a José “Piculín” Ortiz no solo como una de sus figuras más dominantes, sino como un símbolo nacional que marcó generaciones, abrió caminos dentro y fuera de Puerto Rico y dejó una huella humana que, para quienes lo conocieron de cerca, trasciende cualquier estadística.
Tras su fallecimiento a los 62 años, varias figuras del deporte recordaron al excentro de la selección nacional como un competidor feroz, un líder dentro de la cancha y un hombre generoso fuera de ella. Entre ellos estuvieron Yum Ramos, presidente de la Federación de Baloncesto de Puerto Rico; Ricardo Dalmau, presidente del Baloncesto Superior Nacional (BSN); las leyendas Raymond Dalmau y Edmundo “Mundi” Báez; y Pamela Rosado, capitana de la selección nacional femenina.
Ramos, quien habló en nombre de la familia de Ortiz, agradeció las muestras de solidaridad recibidas durante el proceso de enfermedad del exbaloncelista, quien falleció tras una batalla contra el cáncer colorrectal.
“Fue un guerrero, igual que lo fue en la cancha, lo fue con su salud y con su vida. Dio la batalla hasta el final”, expresó Ramos.
El presidente federativo sostuvo que el país tiene una deuda permanente con la figura de Ortiz por la manera en que llevó el nombre de Puerto Rico a escenarios internacionales.
“Puerto Rico va a estar en deuda con Piculín Ortiz por el resto de la vida, porque gracias a Piculín el nombre de Puerto Rico sonó en cada esquina del mundo”, afirmó.
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Ramos describió a Ortiz como “una figura emblemática” que marcó a varias generaciones y que llegó a convertirse en “el superhéroe de muchos”.
Sin embargo, también destacó la dimensión más íntima del exjugador. “Pensábamos que era indestructible, invencible, pero lamentablemente la vida siempre nos lleva al punto donde tenemos que reconocer que en algún momento dejaremos de estar aquí”, sostuvo.
Según Ramos, en una conversación reciente, Ortiz le expresó que se sentía “plenamente feliz” y agradecido por lo vivido.
“Ya era momento de que José descansara y dejara de sufrir. Sé que lo vamos a extrañar mucho, pero lo importante es que reconozcamos todo lo que hizo dentro y fuera de la cancha”, añadió.
Ricardo Dalmau, por su parte, recordó a Piculín como una figura que lo marcó desde niño, por la relación que Ortiz tenía con su padre, Raymond Dalmau. “Hay figuras que de niño te marcan y puede uno ser mayor, pero esa huella que te marcó de niño la mantienes a cualquier edad”, expresó Dalmau.
El presidente del BSN indicó que, incluso en los últimos días, seguía viendo a Ortiz como una figura inspiradora. “Es un día que nos da tristeza, pero también nos lleva a reflexión, celebración y agradecimiento por la oportunidad de haber sido parte de una trayectoria como esa”, sostuvo.
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Dalmau adelantó que el BSN realizará actividades para honrar la figura y carrera de Ortiz, a quien describió como un luchador hasta el final.
“Muchos lo veíamos y no podíamos saber precisamente su estado de salud porque era un luchador y se comportaba como tal. Esa actitud fue lo que lo hizo ser lo que fue en la cancha”, dijo.
Raymond Dalmau, otra de las grandes leyendas del baloncesto puertorriqueño, recordó su relación con Piculín desde múltiples facetas: como compañero, rival, dirigente y amigo. “Tengo la dicha de poder decir que jugué con Piculín, que dirigí contra Piculín y que lo dirigí también”, expresó.
Dalmau fue contundente al resumir el calibre deportivo de Ortiz.
“Después de tener la experiencia de dirigir a Piculín y saber el gran jugador que era, yo siempre decía que con Piculín y cuatro jugadores más ya tú tenías break para quedar campeón. Así de bueno era Piculín”, afirmó.
El exjugador también habló desde una dimensión profundamente personal, al recordar que ambos compartieron conversaciones sobre el cáncer, enfermedad que él también enfrentó años atrás.
“Siempre mantuve una relación bien estrecha con Piculín, especialmente en los últimos años, cuando le diagnosticaron el cáncer de colon. Él sabía que hace 33 años me diagnosticaron con el mismo cáncer”, relató.
Para Dalmau, Ortiz no solo aportó como atleta, sino también como ser humano.
“Puerto Rico está en deuda con Piculín, porque en todas las esquinas del mundo dejó saber quién era él”, expresó. “Su amistad sigue estando en mi corazón”.
Edmundo “Mundi” Báez recordó a Ortiz desde sus inicios, cuando apenas era un joven que intentaba abrirse paso en el baloncesto. “Conocí a Pico desde los años 70, cuando era un pibe en Cayey. El maestro de educación física estaba tratando de que él se envolviera en el básquetbol”, recordó.
Báez contó que, en aquellos años, Ortiz intentaba jugar con jóvenes de mayor nivel, pero no siempre era escogido.
“Nosotros no lo cogíamos. Yo creo que eso fue lo que lo motivó a ser el jugador que fue”, relató.
Con el paso del tiempo, aquel joven se convirtió en una figura imprescindible para la selección nacional. Báez destacó particularmente su rol en el proceso que culminó con la clasificación de Puerto Rico a los Juegos Olímpicos de Atenas 2004.
“Le pedimos que nos ayudara a rescatar el baloncesto en Puerto Rico. Se hizo parte nuevamente de la selección nacional en el famoso juego contra Canadá, donde el equipo clasificó para las Olimpiadas de Grecia”, recordó.
Báez sostuvo que el impacto internacional de Ortiz era evidente cada vez que Puerto Rico era mencionado en Europa. “Dondequiera que uno va, en Europa, cuando saben que eres de Puerto Rico, lo primero que te preguntan es por Piculín”, afirmó.
También destacó su carácter competitivo. “Era fuerte en su proceder con el juego, pero eso fue lo que lo hizo grande”, señaló.
Desde la perspectiva del baloncesto femenino, Pamela Rosado ofreció una mirada igualmente emotiva. La capitana de la selección nacional femenina sostuvo que el legado de Ortiz no pertenece únicamente al baloncesto masculino.
“El legado que ha dejado Piculín es uno grande, no solamente para el baloncesto masculino, sino para el baloncesto general”, expresó.
Rosado recordó que Ortiz acompañó de cerca a la selección femenina en su último torneo, ofreciendo apoyo y palabras de aliento.
“Ha sido un poquito difícil la noticia, porque fue uno que jugó con nosotras en este último torneo y nos ha tocado duro”, dijo.La armadora describió a Ortiz como un referente por su trayectoria, su liderazgo y su manera de competir.
“Era un competidor innato. Siempre quería ganar”, sostuvo. “Cuando se ponía el uniforme de Puerto Rico, se transformaba”.
Rosado también recordó con emoción el momento en que Ortiz recibió al equipo femenino en el Choliseo.
“El bajarnos de la guagua y recibir al más grande de todos los tiempos de nuestro país fue una bendición”, expresó.
Según Rosado, Ortiz no falló a ningún juego del equipo femenino durante ese torneo y siempre encontró la forma de apoyar. “Siempre estuvo ahí, teniendo las palabras correctas, enviando mensajes de texto a mi persona y dando el soporte que él sabía que nosotras necesitábamos”, relató.Para la capitana, esa cercanía demuestra que Piculín fue mucho más que una gloria del baloncesto masculino.
“Trascendió a todas las generaciones, al baloncesto femenino y al deporte en general. Fue un honor poder tenerlo durante todo el torneo, tenerlo de cerca y compartir muchas experiencias con él”, afirmó.
Entre anécdotas, recuerdos y palabras de gratitud, las voces coincidieron en una misma idea: José “Piculín” Ortiz fue una figura irrepetible. Un jugador que llevó a Puerto Rico sobre sus hombros, un competidor que cambió partidos y una presencia que, aun después de retirarse, siguió acompañando al baloncesto nacional.
Ahora, como dijo Yum Ramos, queda una responsabilidad colectiva: “defender y enaltecer” su legado.


