La Marina de Estados Unidos efectuó el martes por primera vez el lanzamiento de una aeronave no tripulada del tamaño de un avión de combate desde un portaaviones en el océano Atlántico.

Se trató de un avance en el programa de aviones robot en medio de temores crecientes sobre la legalidad de la vigilancia y los ataques letales realizados por Estados Unidos.

Algunas naciones sostienen que los ataques de estos aviones causan mortandad en la población civil y se realizan con escasa supervisión, lo que atenta contra la imagen de Estados Unidos.

Este aparato es el primero diseñado específicamente para que despegue y aterrice en un portaaviones, característica que permite su utilización en el mundo sin la necesidad de obtener autorización de un gobierno local.

El X-47 despegó sin contratiempos el martes por la mañana y efectuó dos acercamientos al portaaviones antes de regresar a tierra.

La Marina tiene en operación otros dos aparatos no tripulados, el ScanEagle, que es pequeño y de bajo costo, que no lleva armas, y el Fire Scout, que tiene la fisonomía de helicóptero y está armado.

Tanto las fuerzas armadas como la CIA utilizan los drones Predator y Reaper para operaciones de vigilancia y ataque en el mundo.

Las fuerzas armadas los utilizan de manera habitual en Afganistán y otras zonas de guerra, mientras que la CIA ha efectuado con frecuencia ataques con ellos en la región fronteriza de Pakistán, en su mayoría operaciones secretas que provocan severas críticas del gobierno de ese país.

El X-47 despegó sin contratiempos el martes por la mañana y efectuó dos acercamientos al portaaviones antes de regresar a tierra. La aeronave de prueba no tiene el propósito de que el nuevo aparato tenga uso operacional, pero la información que recaba es aprovechada por las fuerzas militares en el desarrollo del programa de aeronaves no tripuladas.

El X-47B puede alcanzar una altitud de más de 12.192 metros (40.000 pies), tiene un alcance de más 3.889 kilómetros (2.100 millas náuticas) y puede alcanzar velocidades subsónicas. Además es totalmente autónomo en vuelo.

El aparato depende de un programa informático que le indica hacia dónde ir a menos de que sea necesaria la intervención de un operador en la misión. Por esa característica, esta aeronave difiere de los demás aviones teledirigidos de las fuerzas armadas que un operador maneja desde algún lugar remoto.

Algunos detractores afirman que la utilización de los aviones teledirigidos suscita preocupación por el desarrollo de sistemas a los que pueden agregarse armas y que tienen cada vez menos control humano sobre el lanzamiento de ataques.

La organización de derechos humanos Human Rights Watch solicitó que se prohíba preventivamente el desarrollo y utilización de cualquier sistema que lleve armas y sea totalmente autónomo, es decir que funcione sin la intervención del hombre.

Aunque algunos modelos de aviones teledirigidos actuales, como el X-47B, conservan algún nivel de supervisión en las decisiones sobre el uso de la fuerza letal, el grupo pronosticó el posible desarrollo en unas décadas de armas totalmente autónomas que seleccionen y ataquen a sus objetivos sin la intervención humana.